Fecha de Ingreso: abr 2005
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Hace un mes que mi mujer decidió que nuestra relación se terminaba despues de 20 años de matrimonio. Tenemos dos hijos de 18 y 13 años a los que adoramos los dos.
Yo dedique mucho tiempo a hacer un casa pensando en el futuro de mi familia, perdí mucho tiempo trabajando con mis propias manos y no me daba cuenta de que había algo más importante, mi familia, su tiempo. Mi mujer me dijo un día aque leyera el libro titulado "El Caballero de la Armadura Oxidada" de Robert Fischer, y que razón tenía, pero lo leí ahora, ahora que mi relación estaba rota.
Durante todo este tiempo de "constructor" tienes que pelear con muchas gente, llegas a casa cansado de trabajar los fines de semana, y cualquier cosa de alteraba ella me dice que contestaba con ira, con rabia y me recuerda momentos duros para ella, yo seguia como el caballero de la armadura oxidada.
Acabamos nuestra casa, estabamos felices en ella, y cuando teníamos cualquier cosilla le preguntaba si yo actuaba igual que antes si en realidad
había cambiado y siempre que dijo que había cambiado mucho.
Ella buscó camino en aquellos años a través de cursos de relajación, meditación, clases de taichi, acciones de voluntariado, y encontró esa paz interior que le dió fuerzas para tomar ahora esta decisión.
Nuestra vida estaba resuelta, no teníamos problemas aparentes, yo tengo un trabajo estable y todo se acabó.
Nos faltaba comunicación, para ella lo más importante es que sus hijos sean buenas personas, para mi es que además de ser buenas personas es que se forjen un porvenir, el que sea, no me importa, pero que la vida no es solo "internet" y salidas sin horario, sobre todo cuando eres menor de edad y debido a que viviamos en una casa en el campo, yo estaba siempre pendiente la noche del sábado de una llamada para ir a buscarlo, la una, las dos, las tres, y sucedió lo que nunca quise que sucidiera, mi hijo en como hetílico por el maldito botellón. Ese día la llamada no era para que lo fuera a bsucar, era de la residencia sanitaria . Mi "intolerancia" a determinadas cosas me hizo poner una venda en los ojos y una coraza en el corazón y que fuera lo que Dios quisiera, mi mujer y yo íbamos y pensabamos por caminos distintos, aunque creo que no, simplemente no teníemos comunicación.
La quiero con toda mi alma, estoy pasando unos momentos amargos, me siento culpable al 100 %, me siento vacío por dentro, no me quiero a mi mismo, me he dado cuenta que soy un hombre con muchos miedos y muchos complejos, que actuado mal, que mi vida ha girado solo en torno a ellos y que ahora me encuentro solo muy solo.
Nuestra separación es extraña a la vista de los demás, yo estoy con mi hijo mayor que ahora tiene 18 años y ella se fue con el de 13 a un piso de alquiler. Todos los días viene a nuestra casa nos hace la comida y para que nuestros hijos se vean.
Ella les ha contado las cosas a su manera, no lo hemos hecho sentados los cuatro, no quiere separación por el juzgado, para ella seguimos siendo una familia por encima de todo y quiere mi amistad y luchará por ella.
Yo tengo mi cabeza a punto de estallar, esta situación no sé si será buena para ninguno de los cuatro, pero yo me aferro a ella porque no quiero perderlos. Mi vida estuvo siempre dedicada a ellos y ahora me doy cuenta que no tengo amigos y todo se me hace cuesta arriba.
Voy a comenzar con un psicologo el martes que viene.
Ella me dice que soy buena persona pero que tengo que buscar ese algo que hacía que aflorara en mi ira, rabia y no querer oir la palabra respeto.
Estoy dispuesto a buscar ese algo que no sé donde se encuentra.
Si alguien me puede ayudar se lo agradezco, estoy vagando como un alma en pena y no quiero pasar es resto de mi vida con remordimientos, en mi vida hay tres personas que se merecen que yo me reencuentre con mi mismo.
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