Animos oseluis
Yo tenía doce años y había llegado de la escuela llorando de la impotencia. Carlitos, mi amigo del alma, me había traicionado. Todo había empezado el día anterior: me había peleado con Jorge mientras jugábamos al fútbol, y como él era el dueño del balón, me echó del equipo.
Juré que nunca más le hablaría y me fui con Carlitos a rumiar juntos la injusticia; pactamos amistad y solidaridad eternas. Al día siguiente, cuál fue mi sorpresa cuando los encontré a los dos jugando. Cada golpe en el balón era una patada en el estómago y me fui corriendo porque me avergonzaban mis lágrimas de impotencia.
Nunca más confiaré en nada ni en nadie, abuelo, y mientras lo decía, notaba que lo sentía desde lo más profundo de mis entrañas. El abuelo me escuchó y trató de darme algún consejo que yo no quise atender, porque ya había tomado una decisión y tenía la firmeza que sólo da la furia que engendra el dolor.
El sábado y como ya no tenía amigos, me fui a ver a los abuelos, el abuelo estaba en el taller y cada herramienta que cogía la inspeccionaba como si de un control de calidad se tratara. ¿ Que te pasa abuelo? No estoy raro Dani,es que creo que tú llevas razón, me he dado cuenta de que viví confiando demasiado años, y es cierto que no se puede confiar en nada ni nadie, Así que he decidido desde hoy que voy a controlarlo todo.
Al día siguiente íbamos a pescar. Tú eres un dormilón, Dani. Te llevo, pero sólo si te levantas temprano. A las siete te recojo-me dijo.
Yo tenía mucha ilusión con ese día de pesca, así que a la seis y media estaba listo y esperando, por fín las siete, las siete y media las ocho... mi esperanza y frustación aguantaron hasta las nueve, cuando me fui corriendo a su casa.
Tu abuelo salió temprano a pescar, ¿no lo has visto? Me dijo la abuela.
Quería llorar, queria gritar, quería romperlo todo, pero sobre todo quería mirarlo a la cara y decirle que él también era un traidor.
Con los ojos rojos y la cara embadurnada le grité: me traicionaste, me traicionaste. No Daniel, no te traicioné, lo que pasa es que no confié..como tú nunca te levantas temprano y yo decidí no confiar más en nadie, creí que estarías durmiendo y me fui.
¿cómo puedes decirme que tú no puedes confiar en mi? Soy yo quien no puede confiar en ti.
Siéntate Daniel, el sábado te fastidiaba mi actitud cautelosa y desconfiada, y hoy te has sentado traicionado por mí y es que realmente te he fallado. Pero el motivo de ello es que no confié en ti.
En la vida, tenemos que aprender a cuidarnos, pero cuidado no es lo mismo que desconfianza, ya que desconfiar por sistema es pagar un precio demasiado alto si lo que obtengo a cambio es evitar que alguna vez alguien me lastime. El precio que pago es condenarme a vivir con fantasmas, viendo malas intenciones a cada paso y lo que peor es aún, terminaré convitiéndome en alguien no confiable. Como dudo de que el otro cumpla, soy yo el que finalmente no cumple lo pactado.
Mi deseo para ti, es que tengas que curarte alguna herida de vez en cuando, que seguramente tendrás, pero que a cambio te transformes en un hombre que vive y no en alguien que mira la vida. En un hombre con mirada franca y sobre todo, en un hombre en el que se pueda confiar porque se entregue, aun a riesgo de golpearse.
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