¿Sabemos realmente qué nos gusta?

April 30, 2008

Los gustos a lo largo de la historia son condicionados por el lugar en el que vivimos y por la presión social que tenemos de cumplir con ciertas cosas, aceptadas como normal.

Cuando vivimos en una sociedad o grupo que nos repite cada dos segundos qué es lo que nos gusta, lo que es lindo, cuáles son nuestros deseos y que cosas no lo son, es muy difícil que el individuo realmente sepa cuáles son sus gustos y deseos.

Apropiamos como gustos reales lo que otros nos han repetido hasta el cansancio, desde la familia, los amigos, los diferentes grupos, hasta la publicidad y la televisión. Cuando esos gustos coinciden con lo que realmente sentimos, no hay problemas, pero muchas veces esa igualdad no existe.

Esas veces en las que uno no puede distinguir lo que prefiere, por estar confundido entre lo que se asume como gustos, y lo que se desea interiormente, resultan difíciles de superar y generan un sentimiento de incomodidad y confusión. Así encontramos a hombres que estaban saliendo con alguna mujer por el hecho de que era la más deseada del grupo y todos le comentaban lo afortunado que era por estar con la más linda, hasta que se dan cuenta de que no era su tipo, que valoraba mas otros atributos u otro tipo de mujer para formar una pareja.

Lo mismo ocurre en ellas, saliendo así con el chico más popular, porque todas lo quieren, o con el médico porque todos le dicen que es un buen partido.

La deseabilidad social y las presiones de los grupos nos pueden llevar a estar con alguien o hacer ciertas cosas que realmente no deseamos pero las hacemos por seguir perteneciendo a un grupo o para sentirnos observados o envidiados.

Cuando esto ocurre en la elección de la pareja, puede ocurrir que no estemos eligiendo lo que realmente nos guste, y estar aceptando compartir momentos con alguien por una presión social, o porque el grupo lo ha aceptado. Esto acarrea infinidad de problemas posteriores, ya que viviremos con alguien con la cual, al tiempo, encontraremos diferencias insubsanables. Lo mismo cuando buscamos una pareja “presentable” a los padres o a los amigos, dejando de lado lo que realmente nos gusta a nosotros.

Otro ejemplo de lo que la presión social puede llegar a lograr, se da en el caso de los homosexuales, que pueden demorar más tiempo en darse cuenta de su auténtica orientación sexual, incluso nunca se den cuenta, o no se animen a exteriorizarla.

Nuestro consejo es que reveamos internamente que es lo que realmente sentimos y preferimos. Analizar cuál es nuestro tipo ideal de persona a ser, y persona a tener al lado, e indagar cuan influenciado está nuestro pensamiento.