Mi abuelo
Sus ojos se cerraron, y mis recuerdos se agolparon de repente.
Mi pensamiento voló ausente de sueños y regresó al niño rebelde.
Allí me encontré con Isidro, mi abuelo, siempre cercano
con su sonrisa limpia frente a la mía, invariablemente burlona
cuando comenzó su enseñanza diaria para que fuera persona.
Siempre, desde que yo era niño, estuvo a mi lado
como un guardián sin necesidad de descanso.
Esperaba paciente junto a sus documentos de trabajo
para contarme una vez, y otra más un cuento
y así ver mi sonrisa infantil cuando me quedaba dormido.
Me dio su mano, fuerte y firme, para aguantarme
cuando comencé a dar mis primeros pasos.
Hoy, con el sentir del hombre, formado a golpe de sonrisas,
Se que era el principio de un gran precepto
Para enfrentarme a la vida, sin miedo al fracaso.
Mi abuelo, me hizo ser fuerte ante la adversidad
y orientó mi camino cuando me equivocaba.
Con insistencia me preparó, sin descanso, para el futuro
cediéndome la realidad de la vida en cada sonrisa.
Hoy, cuando se me amontonan desordenados los recuerdos
me encuentro de frente con su sonrisa en el jardín de la casa,
que se une a mis lágrimas en la soledad de su cuarto.
En su ambiente, su intimidad, su lugar preferido
todo sigue igual, con el tiempo parado
mientras me quedo, en silencio, pensando
que fácil es quererte siempre, mi abuelo.
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