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Junior Member
Fecha de Ingreso: feb 2008
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Despersonalización: mi historia
Hola, gente del foro, este es el primer tema que abro; me llamo Ignacio, tengo 23 años y llegué a uds. no tan de casualidad, ya que estaba buscando información acerca del llamado fenómeno de despersonalización.
Hace dos meses y medio cometí el error (viendo cómo estuve después lo considero un error) de probar marihuana. No llegó a ser un cigarrillo entero. De hecho, fueron pitadas bastante espaciadas. Digamos tres tandas de cuatro pitadas, con intervalos de media hora o más.
En fin. Volviendo a casa empecé a sentir un miedo terrible. Sentía que me iba a desmayar, primero, y luego que me iba a morir. No sé cómo hice para cruzar la calle cuando el taxi me dejó frente a mi casa ni cómo hice para entrar a mi casa.
La cuestión es que en toda la noche me fue imposible conciliar el sueño. No podía dormir por la sencilla razón de que creía que si cerraba los ojos, los cerraría para siempre. Mi corazón latía fuerte, muy fuerte, o al menos eso percibía yo. Estaba atento a mi entorno, extremadamente atento, a la espera de las alucionaciones que la marihuana iba a operar en mí (y que nunca sucedieron, pero vayan a hacérmelo entender). Recuerdo que repetía una y otra vez mi nombre y apellido, mi fecha de nacimiento y demás datos para comprobar que no había perdido la cordura, que no estaba por colapsar.
Al día siguiente me fue imposible comer. Sentía que se me había cerrado el estómago y las náuseas me impedían tragar. Esa noche tuve otro episodio similar al de la noche anterior.
Después de aquel fin de semana, no volví a tener ningún episodio más. Pero a las dos semanas, de un momento a otro, no pude comer. Tenía hambre, me moría de hambre, pero sabía que si daba un solo bocado, vomitaría mis tripas.
A todo esto, es necesario aclarar que venía de 8 meses de tratamiento psicoanalítico. Por aquel entonces continuaba en tratamiento. El incidente de la falta de apetito me obligó a hablar del tema de la marihuana y mis fantasías de muerte.
A partir de entonces, tal cual la noche aquella, regresaron las palpitaciones, el sudor, los mareos, la certidumbre de que me iba a desmayar, morir (de cáncer, de alguna enfermedad degenerativa del sistema nervioso) o -en el mejor de los casos- volverme completamente loco.
Por suerte, al cabo de unas sesiones de análisis logré recuperar mi apetito y fue como si nada hubiese ocurrido.
Pero seguía con todos los demás síntomas.
Tan es así que fui a hacerme un chequeo médico y a consultar a un cardiólogo. Mi miedo más fuerte era (y continúa siendo) que las sustancias de la marihuana hubiesen dejado secuelas en mi organismo, tanto en el sistema nervioso como en el circulatorio. Aunque ya habia transcurrido un mes...
Hete aquí que los estudios dieron perfectamente. Y el cardiólogo me confió que no tenía nada que temer; que un cigarrillo solo no me haría nada y que ni mi corazón ni mi cerebro habían sufrido en lo más mínimo.
Sin embargo, a las pocas semanas empezó la peor parte. Como ya dije, mi miedo máximo era que las toxinas de la marihuana estuviesen carcomiéndome las neuronas y que no se iban a detener hasta dejarme en estado vegetativo. (Lo pongo en estas palabras y quizás suene cómico, pero mi miedo era y es muy real). De modo que estaba atento a todo mi entorno las veinticuatro horas al día... sin mencionar que también estaba pendiente de mi ritmo cardíaco, de mi respiración, de lo que decía (tenía miedo de estar diciendo incoherencias y no ser consciente de ello). Comenzó, pues, el más desagradable de los síntomas: la despersonalización.
Regresaba a casa una tarde y de pronto sentí que me iba a perder. Estaba como confundido. Sabía dónde estaba pero tenía miedo de de repente no saberlo... Es difícil de explicar. La gente empezó a parecerme extraña, como en un sueño. Los oídos me latían, mi corazón se aceleraba y piernas y brazos se volvieron más débiles. Persona con la que me cruzaba, persona con la que me sobresaltaba. Tenía miedo a todo: a extraviarme, a perder las llaves, a desmayarme (otra vez...).
Desde ese día desarrollé un terror irracional a mi entorno. De repente estaba en mi casa y pensaba: "¿Pero qué carajo hago acá?", o bien, "¿Cómo es que llegué acá?". Empecé a no registrar mis acciones. Las veía, era consciente de ellas, pero a la vez no.
Tenía miedo de que mi familia no fuese mi familia (como si fuesen impostores, o algo así), que yo mismo no fuese ya yo mismo, que me encontrase en otro mundo, que perder el contacto con la realidad de un momento...
Claro que yo era consciente de todo esto, y de la ridiculez de estos planteos. Sabía que no estaba alucinando, que no estaba loco, que tanto mi familia como yo éramos los de siempre... Que todo lo que planteaba era absurdo, sin sentido, imposible. Pero aun así yo sentía terror.
Los meses pasaron y obviamente no podía quedarme encerrado en mi casa. Tenía cosas que hacer. Empecé a salir a la calle, a pesar del horror que me producía. Salía y... No sé cómo explicarlo. Estaba allí, pero sentía que no. Me daba cuenta de todo, era consciente de todo. Lo veía todo. Pero de todos modos me sentía raro, como desconectado. Empecé a pensar (otra idea ridícula...) que yo no existía en realidad, que toda mi vida había sido un sueño, que mis recuerdos eran falsos, que yo era el sueño de otra persona (así de poeta soy...).
En definitiva, los días me pasaban en blanco. Salía a la calle y sencillamente no registraba a la gente, ni a los objetos, ni nada. Me parecía increíble estar afuera, pensaba: "¿Cómo llegué aquí?". Trataba de concentrarme en carteles, señalizaciones viales, patentes de autos, vidrieras... Leía, veía... Pero a la vez no, era como si estuviése viéndolo todo a través de un vidrio.
Iban dos meses de esto cuando decidí dejar la terapia. Simplemente no estaba haciéndome ningún efecto. Es más: era una tortura ir hasta allá. Era cuando peor me sentía.
Al poco tiempo me fui de vacaciones. A la costa. Me sentí muchísimo mejor. Era más consciente de todo... Salvo en dos o tres ocasiones, la despersonalización no se hizo presente. Me ocurría, sí, o era más probable que me ocurriera, en ámbitos cerrados, con mucha gente o totalmente solo. Ahí es cuando me siento (todavía) sobrepasado por mi entorno. Cuando estoy solo, en el baño, me resulta desconocido todo cuanto me rodea. No sé si lo estoy soñando, si lo estoy viendo, si lo estoy alucinando... Cuando estoy en la calle y me cruzo con la gente es como si no los sintiese, como si no sintiese a las personas... Me da miedo estar alucinándolas; a veces me da miedo su aspecto, es como aterrador...
No obstante, a mi regreso de las vacaciones todo fue mejorando. Volví a sentir mi casa como propia. Me reencontré con mis cosas, no me siento un extraño ni ante mi familia ni ante mí mismo. En las peores épocas, los pensamientos oscuros, de muerte y de locura, no me abandonaban ni por un instante... De hecho, me despertaba ya con ellos. O ellos me despertaban.
He estado volviendo a las cosas que me gustan. Estoy haciendo ejercicio. No tomo alcohol, como sano, me obligo a salir a la calle... Los momentos de despersonalización son cada vez más breves, y cada vez menos intensos. O eso creo: tengo miedo de haberme acostumbrado.
En ocasiones el miedo vuelve. Me despersonalizo y se me hace un nudo en la garganta, es horrible. Quizás no sea tan intensa como antes la sensación, pero al haber olvidado cómo se sentía antes, pierdo referencia, no puedo comparar y entonces creo que no mejoré un carajo.
Estuve tratando de deducir qué me ocurre, a qué obedece todo esto... Y es aquí donde requiero de su ayuda, gente.
En primer lugar, y lo consulté con mi psicoanalista, tenía miedo de ser esquizofrénico. El argumento que hasta cualquier hijo de vecino tiene a mano es: "Pero ningún loco sabe que está loco". De todas maneras, leí por ahí que la cannabis activa los perfiles esquizofrénicos latentes, así que...
En segundo, que es un poco lo que acabo de decir: la información a la que recurrí. Por miedo, por vergüenza, dejé pasar más de un mes para consultar a los profesionales pertinentes acerca de las consecuencias o no consecuencias del consumo de marihuana. Mitad por vergüenza, mitad por temor a las eventuales malas noticias que pudieran darme. En su lugar recurrí a la web. Y allí leí toda suerte de cosas. Ya sabemos que en la red circula material de dudosa procedencia y que cualquiera escribe y publica cualquier cosa... Pero en un estado semejante de ansiedad, a uno le dicen que los monstruos de abajo de la cama existen y uno no demora dos minutos en ir a revisar. Así que en segundo lugar tenemos lo de la sugestión.
Y en tercer lugar, está el tema de la ansiedad, la angustia, el estrés postraumático. Tengo entendido que el estrés postraumático acarrea crisis de ansiedad y de angustia... Quizás lo de la marihuana, el susto que me dio (nunca tuve tanto miedo en mi vida) haya sido una situación traumática. Nuevamente cito a mi analista: él determinó que mi cuadro no merecía la derivación a un psiquiatra. Pero a mí la despersonalización me asusta... Me hace pensar que tengo algo de veras grave, algo neurológico o sobrenatural (ríanse que es gratis y no me enojo; si Dios quiere en unos meses me estaré riendo yo también con ustedes, sería lo mejor).
No quiero extenderme más. Tan sólo unas últimas cositas. Tengo la sensación (y ojalá así sea) de que estoy volviendo a la normalidad. Pero de algún modo, la realidad "me duele". Es decir: estando de veraneo, salía a pasear y de repente descubría que no, que la gente no es un espejismo, que la gente es real, que lo que estoy viendo es real, que no estoy loco... y entonces me agarraba una puntada en el pecho, en la garganta... ¿Acaso tanto duele despertarse, si es que me estoy despertando?
Y por último... ¿Es posible que esto no sea más que miedo, miedo y sugestión?
Les agradezco de corazón haberme soportado hasta acá.
Saludos.
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